Lentes para el cerebro

¿No te he contado de cuando empecé a usar lente?
Sucedió que a los 15 años, cuando empezaba a estudiar en el seminario de Guada-lajara, me dijeron que tenía una miopía incipiente y que se me podría corregir si usaba constantemente los lentes con un cuarto de dioptría que me recetaron, pero, una vez que me convencí de que los lentes no me ayudaban mucho a verme más inteligente, que fue el motivo principal que me llevó al oculista, y que eran molestos para el deporte, dejé de usarlos, porque se les quebró un pata en un manotazo jugando básquet y nunca los llevé a reparar. La diferencia en el ver con lentes y sin lentes era poca. Los oculistas, con tal de vender, lo hacen a uno usar lentes sin necesidad, pensé yo, pero al pasar del tiempo al-cancé a notar que algo andaba mal… muy mal.
El que no metiera canastas en el juego de básquet y que no le atinara a la portería en el fut, no era raro, nunca fui buen anotador, aunque la mala visión bien podría empeo-rar las cosas, como quitarle el balón a un compañero o anotar en la portería nuestra, pero lo que vino a empujarme a ir de nuevo al oculista fueron los camiones urbanos.
Había en ese tiempo unos camionsotes amarillos, sección 11, que eran los que nos llevaban y traían de la ciudad al seminario. Al frente traían un número 11 grandote, pero por una parte del recorrido caminaban otros camiones de la misma compañía, del mismo color, pero de la sección dos y el 2 era cuadradote que de lejos, un muchacho medio mio-pe y miopendejo (tengo que decirlo, porque sé que lo estás pensando), lo podía confundir con un 11. Los dos caminaban por la misma calle, pero mientras el 2 daba vuelta en la avenida de las Américas y endilgaba para Zapopan, el once seguía de largo hasta más allá del camino Real por la salida a Tequila y nos dejaba frente a las aceiteras cerca del semi-nario menor, que entonces era “el nuevo”.
Se llegó a convertir para mí en un tormento hacerle la parada al fregao camión, porque a veces lo tenía ya a unos metros y no alcanzaba a distinguir si era un dos o un once y cuando alcanzaba a distinguir el once ya era tarde, el camión pasaba zumbao. Más de alguna vez paré al de la sección dos y más de una vez, por pura pena, me llegué a subir para bajarme en cuanto diera vuelta, ya sabía que de la avenida de las Américas para ade-lante nomás el once pasaba… iba a la segura al hacerle parada al camión amarillo que se acercara.
Cuando por fin tuve el dinero y decidí ir al oculista, me dijo que necesitaba dos dioptrías y media de corrección; por esos tiempos estudiaba física y química de manera que logré medio entender lo que el oculista me explicaba. De .25 había aumentado a 2.50 en la medida de mis lentes cóncavos, que son los que corrigen la miopía, los convexos son para corregir la hipermetropía que también llaman presbicia, palabra que viene de la misma raíz griega que presbítero: viejo… el que ve mejor de lejos que de cerca, el que estira el brazo a todo lo que da para poder ver lo que de cerca no ve bien… Aprendí cómo se desenfocaba el ojo y cómo los lentes ayudaban a enfocar correctamente…
Recuerdo muy bien la tarde que salí de la óptica con mis lentes nuevos. Era por la avenida Javier Mina y acababan de encender los anuncios de neón. Nunca me pareció más hermosa la ciudad de Guadalajara como aquella tarde… Cuando llegué a la Calle Pedro Moreno a esperar el camión, ya sabrá usted que el camión venía como a tres cuadras cuando ya estaba yo haciéndole la parada y hasta volteaba para que la gente viera la con-fianza que tenía en mis ojos nuevos… ¿cómo les quedó el ojo?… ¡OTRO MUNDO!
Pude haber pensando entonces los que te voy a comentar, pero no lo pensé, ni si-quiera con mis lentes nuevos, hasta hace poco se me ocurrió pensar que así como hay len-tes para corregir el enfoque en los ojos debería de haber lentes, o algo parecido, tal vez una cachucha metálica, para corregir el enfoque en el cerebro. Lentes para ver bien, lentes para pensar bien, lentes para ver con claridad, lentes para pensar con claridad… ¿Te imaginas lo que sería del mundo? Desde esa tarde de 1967 hasta la fecha he visto con cla-ridad, con ayuda de los lentes, pero si aquella tarde en lugar de haber salido con lentes nuevos de una OPTICA hubiera salido de una CERÉBRICA con una gorra nueva para pensar con claridad, para no cometer errores de juicio, para razonar con precisión ma-temática ¡OTRO MUNDO!
Algo deberíamos haber inventado ya para corregir el pensamiento, y razonar me-jor; que así como puede uno ir a un lugar y decir: “sabe doctor, que no veo muy claro, me he dado algunos tropezones y me cuesta trabajo leer y me cuesta trabajo hacerle la pa-rada a los camiones, porque no veo los letreros, necesito algo para ver mejor” y el señor oculista, con unas medidas y unas preguntas ¡zaz! Lo suelta a uno con lentes bien gra-duados, bien a la medida y viendo bien. Todo se aclara, el enfoque es tan perfecto, que alcanza uno a ver hasta el venado que va allá por aquel cerro… ¿no lo ven?, Pues vayan con el oculista. De igual manera debería de haber lugares a donde uno pudiera ir y decir: “Sabe doctor, que ya no pienso muy bien, no atino una, todas las decisiones que tomo son las equivocadas, me cuesta trabajo entender las cosas, mis hijos me dan la contra en todo, porque todo saben los fregaos y yo cada vez sé menos, con decirle que a veces ni siquiera sé para qué fregaos estoy en el mundo, o lo sabía y se me olvidó o nunca lo he sabido” y el señor logístico, con unas preguntas y unos ajustes eléctricos a las neuronas y a las conexiones con una cachucha a la medida, lo suelta a uno razonando como un perfecto ser racional… Debería haber lugares…
Ah, pero también se pueden dar casos en que llegue el muchacho con el oculista y éste le diga: “Lo siento muchacho, mucho, pero no tienes remedio, tus ojos están dañados de nacimiento… esto y lo otro y lo de más allá, el caso es que no tienes remedio”… Y también se podrían dar casos en que el señor fuera con el logístico y que éste le dijera: “Lo siento amigo, lo sentaría, pero para qué lo siento, no puedo hacer nada. Su cerebro con todos sus accesorios está dañado de nacimiento, o desde la infancia; no lo enseñaron a pensar y órgano que no se usa se atrofia; tal vez si se hubieran tomado medidas a tiempo, pero ya no tiene remedio”…
….Y con todo, yo tengo fe en que vendrá un día, no muy lejano, en este mundo, en que al uno y al otro se le podrá curar y el ciego va a poder ver y el que no ha sobrepasado con mucho el nivel animal un día va a ser perfectamente racional… Todos los cambios en el mundo empiezan con la imaginación y con un sueño, hay que soñar al fin que no cuesta nada…
Salud y saludos y hasta la próxima… Ya veremos… y pensaremos

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Acerca de licvidriera

Leo, medito, escribo, vivo y escribo en la eternidad
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