En defensa de las cucarachas (reciclado)

Llevaba ya días preocupado porque no se me ocurría nada para el artículo de VOY CON MI HACHA. Iba y me sentaba frente a la computadora nomás a verla y no se me ocurría nada, le limpiaba el polvo gané unos dos juegos de freecel y nada (los que perdí no los cuento). Temas a tratar había muchos, sólo que a veces falta la inspiración, ánimo… ( y que se quite la flojera). El caso fue que durante dos días ni siquiera me acerqué al teclado; por eso fue que hoy que regresé a mi escritorio en el garage me encontré con que estaba invadido de hormigas, de esas chiquillas que algunos les dicen esquelas. Se les había ocurrido hacer carretera en mi escritorio.

Como no tenía mucho que hacer decidí unirme a la procesión y me fui atrás de las hormigas a averiguar a dónde iban… y ahí voy como….hormiga. Vi que entraban a la cochera, llegaban al escritorio, lo trepaban, escalaban un librero, seguían por una tabla de la pared y llegaban a una repisa donde hace… sabe cuántos días que deje una caja con cubitos de azúcar para el café. A mí se me había olvidado, pero alguna hormiga desbalagada encontró la caja de azúcar y ha de haber ido con el chisme y se vino el ejército completo y se estaban robando mi azúcar sin que yo me diera cuenta.

Retiré la caja, la tiré a la basura y en cuestión de horas las hormigas desaparecieron. Porque se avisaban que ya no había a qué ir, porque ya no había azúcar. Algunas se devolvían al recibir la noticia en el camino; algo alegaba y se devolvían, pero no faltaban las desconfiadas, las incrédulas, las tenían que ir hasta el lugar y hasta que no daban unas cuantas vueltas, rascándose la cabeza, en el lugar donde había estado la caja con azúcar,  se devolvían con la cabeza gacha, casi creo que una me hizo el saludo hawaiano, por lo menos yo se lo devolví, porque casi todas me miraban con ojos de pocos amigos mientras yo, con los brazos cruzados las veía retirarse, satisfecho de haber ganado esa batalla, aunque no fui tan mala gente, porque les dejé unos cubitos junto al bote de la basura y casi estoy seguro que van a dar con toda la caja… otro día les platico, porque estoy pensando que estas hormigas me van a dar para el tema de esta semana.

No, no hubo necesidad de matar hormigas,   simplemente había que quitar la caja con azúcar y santo remedio. Y creo que  algo parecido pasa con las cucarachas y otros bichos que no queremos. Por ahí vi un comercial en la televisión anunciando un producto para matar cucarachas; La señora dice, con voz asesina y con un ademán de que va a matar peligrosos terroristas, que esos animales “merecen morir”. La verdad es que ningún animal merece morir, porque, dígame usted ¿qué culpa tienen las cucarachas de buscar su sustento diario en los desperdicios que muchas gentes guardan en sus casas?  Yo creo que las cucarachas para algo han de servir, si no, no las hubiera inventado el que inventó todas las cosas. Y hasta las pudo haber inventado para que les hicieran la vida pesada a las gentes guandajas y a los que se nos olvida y dejamos cajas con azúcar donde no debemos. Yo dijera que no hay que matar ni a las cucarachas ni a las hormigas. Hay que limpiar las casas y las cocinas y las estufas y los pisos, porque la gran función de las cucarachas es decirnos que no estamos cumpliendo con las reglas de la higiene…

Las cucarachas encontrarán su lugar, porque ha de haber algún lugar para ellas en este gran mundo y para algo han de servir. Eso se lo aseguro. Mire usted, que a mí me molestaban los caracoles, sobre todo cuando salía al jardín en la mañana y tronaban bajo mi patota…  nomás truenan y como que te da asco y como que te da lástima. Pero un día aprendí que ese caracol, tan lento, tan babosote puede y ha salvado muchas vidas. Sucede que el caracol, o la caracola, pone unos treinta huevos al año, cada uno como al tamaño de la cabeza de un alfiler y cada uno de esos huevecillos es una fuente estable y barata de una sustancia química que se usa para determinar los grupos sanguíneos. Normalmente esa sustancia se obtiene de la sangre humana, pero se necesitan unos cinco donadores para proveer lo equivalente a un huevo de caracol.

¿Quiubo, no que no servían? La sustancia es extraída y disuelta en una solución y está lista para cuando un paciente necesite una transfusión de emergencia que le salve la vida; de inmediato se sabe qué tipo de sangre ponerle.

De manera que todos los animales, por muy babosos, feos y repugnantes, como tú deberías de saber, sirven para algo, nosotros somos los que a veces no servimos… y así como esos babositos con unos huevitos sirven apra salvar vidas, hay unos babosotes güevones que no sirven para nada… ¿Conoces a alguien así?……. ¿o te conocen?

Salud y saludos.

EL PILÓN: No sé para qué fregaos nos  preocupamos tanto por la eternidad  ¿para qué fregaos la queremos si no sabemos aprovechar siquiera un día completo, si nos aburrimos, si no sabemos cómo ser felices siquiera una semana completa?
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Acerca de licvidriera

Leo, medito, escribo, vivo y escribo en la eternidad
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Una respuesta a En defensa de las cucarachas (reciclado)

  1. Docduck dijo:

    Como siempre estimado licenciado, muy acertado. De los acontecimientos triviales, haciendo filosofía de la vida. Ese es el mérito: Hacer conciencia a la raza.
    Saludos.
    Docduck

    P.D. Revisa tu e-mail, a propósito de de cucarachas, va un escrito ratones. Espero sea de utilidad.

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