CAMBIO DE ÓRBITA

Manuel Pérez era de las pocas personas en el mundo que seguían día a día, paso a paso y con mucha atención y más preocupación todas las noticias acerca del próximo choque del asteroide con la tierra. Aún cuando sólo la mitad de lo que pronosticaban los noticieros llegara a suceder, el mundo que se conocía se iba a acabar y el modo de vivir iba a cambiar completamente para los sobrevivientes, si es que alguien sobrevivía. Por eso Manuel Pérez, cuando veía a las personas a su alrededor tan despreocupadas, no podía creer que fuera él el único al que le preocupara la noticia. Hacía más de dos semanas que se había confirmado y se había dado la fecha exacta: Faltaban cinco meses, 12 días,  4 horas, y 37 minutos para el, casi seguro, fin del mundo. Los relojes en todas partes lo anunciaban, y mucha, muchísima gente lo tomaba con una indiferencia que sorprendía. ¿Estarían atontados? ¿Sería una demencia colectiva? ¿Mecanismos de defensa? Manuel Pérez no entendía por qué había habido mucha más preocupación y miedo de que el mundo se acabara al final del siglo, como si escribir un año con tres ceros tuviera una magia destructora que nadie entendía y hoy, que había la casi certeza de que el mundo se iba a acabar, no había ni los suicidios ni la desesperación ni siquiera los sermones de los predicadores oportunistas. Su esposa se lo explicaba de esta manera: “Es lo mismo Manuel, todo el tiempo sabemos que podemos morir a cualquier rato de mil maneras; amanecemos, pero no sabemos si anocheceremos, hoy sabemos que podemos morir por el choque de un asteroide… ¿qué más da?, una forma más de las muchas formas en que podemos morir. La muerte siempre ha estado con nosotros.” Pero no, para Manuel era diferente. meteorito 2

Parecía como si hubiera un acuerdo secreto y general de no hablar del suceso y de vivir como si nada fuera a pasar, por más que los medios de comunicación se esforzaran en sacarle provecho a la noticia. El común de la gente hacía muchos años que había aprendido que no era sincero el esfuerzo de los medios por mantener a la gente informada; por otra parte los detalles salían sobrando: el mundo se iba a acabar a qué venía el hacer alarde de que sería unos minutos antes o unos minutos después de la media noche y que si la figura del meteorito era más de cacahuate que de papaya y que si el impacto equivaldría a 500 mil trillones de Hiroshimas, o a 900 mil trillones. Pero si los noticieros no hicieron su último agosto, porque a poca gente le interesaban, las películas de amor tuvieron una demanda nunca vista. “Cosas raras del ser humano”, decía un analista en un programa que pocos veían.

 

Pero sin embargo alguien debería de ver los noticieros, de otro modo ya no existirían y, por el contrario, parecía que se habían multiplicado y abundaban, como que había la creencia de que cuando alguien está en un noticiero está por encima de la noticia y no le afectan ni los temblores ni las inundaciones ni la guerra ni le afectaría, en este caso, el choque del meteorito.

Manuel Pérez decidió subir al tapanco y buscar el viejo televisor que tenía arrumbado desde hacía muchos años. “Estamos siendo vilmente controlados por las pantallas”  Le había dicho a su esposa allá cuando se habían quedado solos en la casa y para cuando los nietos empezaron a venir ya existía la costumbre de una casa sin televisor. Trabajo le costó entonces convencer a su esposa. Fue paciente en sus explicaciones y constante en su insistencia, porque su esposa se oponía a una casa sin televisor, pero un día, de buenas a primeras, estuvo de acuerdo en que la televisión estaba jugando con ellos. Lo que vino hacerla enojar fue que los noticieros primero decían un poco de lo que iba a venir en las noticias de la tarde, luego empezaron a decir lo que iba a venir en las noticias del día siguiente, después empezaban a decir lo que iba a venir en las noticias del mes siguiente y así se fueron compitiendo los noticieros hasta que anunciaban lo que iba a venir en las noticias del año siguiente y eso era mucho esperar para ver quien se iba a divorciar al año siguiente del actor más sexy del momento que todavía ni siquiera se casaba. Ahí fue donde la esposa de Manuel estuvo de acuerdo en que la tele no servía para nada y enrollaron la pantalla y la arrumbaron entre los cachivaches viejos, pensando que algún día podría tener algún valor como antigualla.

 

Se sorprendieron al ver la diferencia de programas y los trucos que se usaban en estos días, porque aunque habían visto televisores en los almacenes nunca les habían puesto mucha atención, como no le presta uno mucha atención a los juguetes de los niños. Tan no les prestaban atención que no se daban cuenta de que su viejo televisor estaba fuera de serie porque las señales llegaban en otra forma. Es verdad que el televisor de Manuel ya estaba pasado de moda cuando lo arrumbaron en el tapanco, pero desde entonces ya había otros cuatro modelos, que habían pasado de moda, arrumbados en los tapancos. De análoga a digital, de digital a real, de real a invisión de invisión a omnivisión, de omnivisión a univisión, ingavición luego otra vez análoga y otra vez digital… y así iban cambiando los modelos y la gente comprando lo nuevo en el mercado, que era una de las formas de mantener a la gente ocupada, porque ese era ahora el gran reto de los gobiernos: mantener a la gente ocupada, produciendo algo, haciendo algo; un medio fue hacer todo desechable y causó serios problemas, como causó problemas el volver a la gente inactiva, creando monstruos de grasa y enfermedades. Ahora se mantenía a la gente activa y todo era reciclable, pero de corto uso, para mantener a la gente trabajando…

A Manuel todo lo que le interesaba era seguir un poco más de cerca y desde diferentes puntos de vista la noticia del impacto del asteroide.

 

Una tarde unas palabras de un lector de noticias en la televisión le llamaron la atención, es decir no le llamaron la atención en ese momento, sino que se le metieron a la cabeza sin que se diera cuenta, porque ni siquiera supo qué locutor las había dicho, no le había visto la cara porque en ese momento Manuel estaba comiendo y no toda su atención estaba en las noticias. Después de una larga disertación sobre la diferencia entre asteroide, meteoro, meteorito y cuando cambian de nombre, lo que oyó claramente fue : “Un buen porcentaje de científicos calcula que un golpe de esa magnitud podría alterar gravemente la órbita terrestre”. De todo el noticiero eso fue lo único que entró en su mente, pero entró para quedarse, dándole vueltas y resonando por toda su cabeza. Botando de rincón a rincón por todo el cerebro: podría cambiar, alterar…la órbita de la tierra…terrestre…podría cambiar…Cambiar orbita…. ¡Cambiar órbita!

Por alguna razón que no entendía entonces, rumió esas palabras durante toda la noche. Camino al trabajo compró el periódico en el primer puesto y en primera plana venía un dibujo animado y con efectos sonoros del choque del asteroide con la tierra y un simple encabezado que se repetía en diferentes tonos de voz y hasta en diferentes idiomas: “Faltan 147 días  “Cómo han cambiado los periódicos”- pensó Manuel, que todavía se acordaba de cuando los periódicos eran pura tinta y papel. Las animaciones del choque del meteorito en la televisión eran mucho más realistas y todavía mucho más realistas y con mejores gráficas los juegos de video que se vendían como pan caliente y no sólo para los muchachos: nueve vidas, como los gatos, se le daban al jugador para escapar el choque del meteorito. Pero si el juego del choque del asteroide, “El Gran Escape”, se vendía y jugaba mucho era porque no lo entendían como algo real, algo posible, era sólo un buen juego.

En vano trataban todos los medios de comunicación de mantener el interés en el evento y aprovechar la que podría ser la última oportunidad de hacer dinero. La gente parecía que se había puesto de acuerdo en el todo el mundo y que habían decidido vivir como si no fuera a pasar nada. El fatalismo era sorprendente. ¿Habría pasado así cuando el diluvio? ¿Habría un Noé en esta ocasión? La mayoría de la gente vivía bloqueando la noticia, porque pensaban, aunque nadie lo dijera en ninguna forma, que si no había nada que se pudiera hacer, el preocuparse salía sobrando y sólo servía para amargarse los que iban a ser los últimos días de su existencia…

meteoro

¿No se podrá hacer nada? Pensaba Manuel Pérez… Desde niño había llamado la atención por sus soluciones prácticas a los problemas. Allá cuando tenía apenas 6 años sorprendió a familiares al resolver en minutos el Cubo de Rubisk. Cada una de las seis caras estaban formadas por nueve cuadritos de un mismo color, pero los 54 cuadritos del cubo se podían hacer girar en grupos de tres revolviendo en múltiples combinaciones de colores las caras del cubo; el problema era volver a ordenar las seis caras de modo que cada una fuera de nueve cuadros del mismo color. Mucha gente lo intentaba, poca gente lograba solucionarlo. El pequeño Manuel de 6 años lo resolvía en pocos minutos. Le entregaban el cubo en completo desorden y lo devolvía con cada una de las seis caras de un mismo color. El único problema era que el pequeño Manuel no lo arreglaba delante de la gente, sino que se escondía unos minutos y regresaba con el cubo que le habían entregado desordenado, perfectamente ordenado por colores. Hasta que su padre lo descubrió despegando los papelitos de colores y acomodándolos sin necesidad de rotar los planos… Manuelito lloró al ver su secreto descubierto, aunque su padre, de cualquier manera, le reconoció el ingenio. Manuel fue creciendo tratando de encontrar soluciones prácticas a los problemas, porque para él todo problema tenía solución y, de un modo o de otro, siempre la encontraba, “porque casi todos los problemas se pueden resolver de varios modos”.

Y de pronto, mientras limpiaba los corredores del museo donde trabajaba, se le ocurrió la idea. Mientras rumiaba aquellas palabras: “un impacto de esa magnitud podría cambiar la órbita de la tierra”.  Si el meteorito puede cambiar la órbita de la tierra, ¿por qué no cambiar la órbita de la tierra antes de que le pegue el meteorito? Después de todo si el cielo nos tira una pedrada lo más lógico es sacarle el bulto. Hay que hacernos a un lado, no hay que esperar la pedrada. Viene esa piedra hay que quitarnos de su camino, ya se intentó mover la piedra, ahora hay que intentar mover la tierra. Porque los intentos para cambiar la trayectoria del meteorito (meteoro habían dado en llamarle en la prensa, porque sonaba más serio que meteorito) no habían funcionado, dada la velocidad que traía el “meteoro” y el tamaño del mismo. Usar bombas atómicas era imposible. La última vez que se había utilizado una bomba atómica para destruir un meteorito, había sido peor el remedio que la enfermedad, porque al despedazarlo fueron muchos los pedazos que golpearon la tierra y las bombas atómicas de impacto y explosión, habían desaparecido desde hacía más de cien años, cambiadas por las bombas “silenciosas” de radiación, diseñadas exclusivamente para matar gente, sin destruir edificios ni causar daños a la “naturaleza”. El producir bombas atómicas de explosión y golpeteo llevaría más de seis meses, tiempo con el que no se disponía. Ya se había llegado hasta enfocarle la luz del sol con un gigantesco espejo en el espacio, para evaporar toda posible humedad en el asteroide y ver si cambiaba de dirección o velocidad, pero había sido en vano.

Manuel Pérez dejó el trabajo abandonado, si el mundo se iba a acabar en unos meses el museo podría vivir sin que los corredores estuvieran limpios y resplandecientes como los mantuvo Manuel Pérez por más de 25 años. No era falta de responsabilidad, era que se daba cuenta muy bien que lo mantenían en el museo no como encargado de limpieza, sino como milusos porque todos los problemas que se presentaban los resolvía Manuel Pérez. Sabía que abusaban de su nobleza, pero al mismo tiempo a él lo que le gustaba era solucionar problemas y en el museo los había de todo tipo, sólo que ahora tenía otro problema más serio que solucionar.

Su esposa se sorprendió al verlo llegar a la casa al mediodía y más se sorprendió al ver la cara de poseído que traía. Sin duda alguna que la mente de Manuel estaba trabajando a una velocidad a la que nunca había trabajado. Empezó a hacer llamadas, primero a la NASTA, imposible de lograr que lo escuchara alguien, Llamó a las Universidades con el mismo resultado. Por lo general al oír su voz apresurada y emocionada le cortaban la comunicación, algunas veces alcanzaba a oír las risas burlescas antes de que le colgaran, hasta hubo dos ocasiones en que, aún sabiendo que ya le habían cortado la llamada él seguía entusiasmado hablando porque algo nuevo se le había ocurrido y no podía detener el tren de pensamiento.

Esa noche no pudo dormir ni un minuto. Al día siguiente muy temprano llamó a un noticiero televisivo, un noticiero en la mañana en una hora en que nadie veía televisión. Allí sí lo oyeron. Y lo oyeron bien, porque el locutor lo uso para llenar buena parte de su programa… Estamos al aire, me dicen que usted tiene una buena idea para salvar la tierra, Adelante, Margarito. Oh, perdón es Manuel Pérez…  Manuel turbado no se explicó bien, pero sí quedó en claro que se trataba de mover la tierra para que el meteoro no le pegara… Hubo risas, hubo burlas, hubo llamadas de la gente, todas burlescas, pero el hecho era que se había tenido en cuenta su idea, aunque fuera para burlarse. Por supuesto que hubo otras estaciones de radio que se contagiaron de la risa y en todos los noticieros de ese día y de los días siguientes iba a estar la idea de Manuel Pérez en el aire. Sobra decir que Manuel no encontraba dónde meterse, las burlas lo seguían por todos lados. En el trabajo le dijeron que tomara unas semanas de descanso que lo notaban demasiado afectado por el meteoro, que lo tomara con calma, como la demás gente, que no había para que atormentarse ya que no había nada que se pudiera hacer…  a  no ser que se movieran la tierra y claro que también río su jefe de trabajo que siempre lo había tratado con mucho respeto y seriedad. En su casa su esposa ya no le quería dirigir la palabra porque todos los vecinos se burlaban también de ella. Que de dónde le venían esas ideas tan estúpidas que si no había aprendido a callarse la boca… ¡Pobre de Manuel!   Porque todavía seguía creyendo que la solución práctica era cambiar la trayectoria del meteorito o quitar la tierra del camino del mismo. ¿Por qué la demás gente no podía ver eso? Era cosa que a Manuel le intrigaba.

Pero después de una semana de burlas  públicas que, a decir verdad, no lograban desanimar a Manuel, que seguía insistiendo que su propuesta era lógica, un alto representante de la NASTA apareció en uno de los más prestigiosos noticieros diciendo que aunque fuera un imposible, la solución obvia era la propuesta por un tal Manuel Pérez y en cuestión de un día aparecieron cientos de científicos diciendo que la propuesta de Manuel Pérez bien merecía la atención de la comunidad científica del mundo y dos o tres aparecieron con propuestas de proyectos bien cimentados y desarrollados, lo que hacía suponer que alguien había trabajado ya en planes para cambiar la órbita de la tierra, como proponía “un tal Manuel Pérez”. Había proyectos diferentes, pero en el fondo todos  hablaban de desbalancear la  tierra y alterar la órbita, ya que no se podía  tener el punto de apoyo que pedía Arquímedes para apoyar una palanca y moverla.

La gente despertó de su apatía, al parecer sí había algo que se podía hacer. Manuel Pérez pasó de ser la burla de todos a ser el héroe de todos. Hasta los predicadores empezaron a desempolvar sus libros y empezaron a revivir viejas historias y hablar de que un tal Josué había detenido el sol para terminar una batalla, y mucho se insistía en que la fe puede mover montañas, que porque alguien había dicho que si alguien tuviera fe como un grano de mostaza le podría decir a una montaña que se quitara de donde estaba y la montaña, obediente, se haría a un lado… “con la fe de todos juntos podemos mover la tierra” Y la gente se entusiasmó, se olvidaron de ideologías religiosas y políticas y todos se dedicaron a creer que podían mover la tierra. Por primera vez hubo unión en el mundo, aunque no faltaban analistas que dijeran que eran “patadas de ahogado” y que todo eso no era más que una manifestación de la locura que traía el fin del mundo y el entregarse con tanto celo a creer en que podían mover la tierra era simplemente un paliativo para olvidarse de que la tierra estaba condenada a desparecer en unos pocos meses.

Los científicos calcularon y volvieron a calcular. Revisaron y volvieron a revisar proyectos y planes y todos coincidían en que si la tierra se movía uno 150 kilómetros retirada del sol, el asteroide pasaría sin hacer mayor daño. Todos coincidieron en que el proyecto más viable dado el poco tiempo que quedaba era cargar todo el peso de la tierra hacía un polo para empezar un movimiento en la tierra que la fuera sacando de la órbita; luego se distribuiría ese peso para que la tierra volviera a ser estable al apartarse 150 kilómetros del sol. Había que mover toda la gente del mundo y todas las cosas que se pudieran mover de manera que estuviera todo lo más cercano al polo sur, que fue el que se escogió, porque de norte a sur era de cuesta abajo.

 

La fe mueve montañas y la fe de todos puede mover la tierra, muchos empezaron a creerlo y pronto todo el mundo se contagió de la euforia. Era la gran empresa del mundo, la única empresa en que toda la humanidad trabajaba unida. Se trataba de salvar la tierra, se trataba de salvar la vida. Ninguna otra actividad ocupó ni interesó a los seres humanos. Ejércitos, maquinaria, gente y animales, todos trabajaban en la gran empresa de cargar el peso de la tierra hacía el polo sur. Se movió todo lo que se podía mover, desde témpanos de hielo del polo norte hasta carretas de calabazas, piedras, manadas de animales, todas las pertenencias, todos los comestibles, todo lo que se ponía por enfrente, si no se movía se empujaba un poco hacia el sur. Día y noche, noche y día trabajaba la gente toda del mundo, caminaban, movían. Y mientras todos estaban completamente entregados a la tarea de recorrerse y recorrer todas las cosas hacia el sur, sucedió lo que sucedió. Fue tanta la entrega de la gente a la tarea de mover la tierra que muchos ni siquiera vieron cuando el meteoro pasó zumbando a unos 150 kilómetros de la atmósfera, pero todos sintieron el aire frío y muchos aseguraban haberlo visto cuando se alejaba en el espacio, tal vez buscando otro planeta que destruir.

Hubo paz en la tierra. Hubo calma en la tierra. Esa paz y esa calma que se sienten después de terminar un buen trabajo. Puede ser que la tierra no se haya movido en realidad, puede ser que el asteroide, por alguna razón no explicada en la ciencia terrestre, haya cambiado de trayectoria, puede ser que haya habido un error en los cálculos originales, pero el hecho fue que el asteroide no chocó con la tierra, sino que pasó exactamente 150 kilómetros fuera de la atmósfera terrestre. Las millas que se había calculado que eran las que se necesitaría mover la tierra para evitar el impacto………..

 

Veinte años después en un viejo museo el equipo de limpieza se reunía para despedir a uno de sus miembros que se jubilaba. El Gerente general al entregarle un reloj quiso reconocer al viejo que se jubilaba:

– ¿No fuiste tú el que salió con la idea de…? No. No puede ser… Felicidades…

Manuel Pérez sonrió, como sonrió cuando vio pasar el meteoro….

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Acerca de licvidriera

Leo, medito, escribo, vivo y escribo en la eternidad
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