TROZOS DE HISTORIA. Viaje en diligencia en 1860 (2a. Parte)

(Habían salido el lunes 17 de diciembre de 1860, de Los Ángeles Ca. rumbo a St. Louis Mo.)….

El sábado, llegamos a Tucson. Aquí subieron dos pasajeros más que iban de regreso a su ciudad natal en algún lugar de Vermont, y viajaron con nosotros hasta Toledo, donde tomaron otra diligencia a su destino. El domingo pasamos por Apache Pass, donde vimos varios Apaches e n la estación; eran altos, se veían salvajes, vestidos en su mayoría de buckskin, el clima era ventoso y muy frío.
Una milla o dos más allá de la estación, vimos un campamento de varios cientos de Apaches que, estaban allí por miedo de los Navajos. Esto fue lo último que vimos de “los Apaches y pronto dejamos su territorio. Llegamos a la Mesilla en la noche del lunes, víspera de Navidad; las colinas atrás de la ciudad habían sido iluminadas por los mineros. Eso nos recordó que era “Nochebuena”. Llegamos a El Paso a la mañana siguiente, antes de la luz del día. Tomamos un desayuno temprano. Viajamos algunas millas siguiendo El río Grande, y luego enfilamos hacia el norte a través de Texas, en la mayor parte territorio de los indios Comanche. Entre Fort Chadbourne y el viejo fuerte abandonado de “Phantom Hill”, vimos miles de búfalos esparcidos en escuadrones de tres, cuatro y hasta cientos. Fue una vista grandiosa. Manadas de estos animales peludos corrían por nuestro camino a poca distancia delante de diligencia y pudimos verlos de cerca. También vimos en este llano abundancia de hermosos venados cola blanca, antílope y pavos salvajes y uno o dos lobos.
Llegamos a nuestro segundo domingo desde que salimos, acampando en la oscuridad en una casa solitaria que hacia de estación, nos regalaron con una gran cena de bistec de búfalo, carne de venado, etc. y un buen fuego para calentarnos para el viaje de la noche, que nos hizo recordar el lugar como si fuera un oasis en el desierto. Una familia vivía allí, sin vecinos por muchas millas alrededor. El domingo pasamos Fort Belknap, donde escuchamos que la Comanches había estado cometiendo depredaciones. El lunes, mientras nos acercábamos a la brillante y próspera ciudad de Sherman, Texas, empezamos a ver ganado corriendo en las colinas, fue un indicio de que estábamos fuera del país indio.
Cruzamos el Río Rojo hacia el Choctaw, apacible territorio indio, en el último día del año. A la mañana siguiente hizo un frío penetrante. Desayunamos en una casa de campo grande, ocupada por prósperos agricultores Choctaw vestidos como los americanos, y casi tan blancos. Tenían grandes familias. Ya cuando nos íbamos, un buen número de indios salió a la amplia terraza, con su jefe. Nos dijeron que iban a viajar en la diligencia del día siguiente, en la ruta de Washington, para ver la inauguración del gran “padre” Lincoln.
Llegamos a Fort Smith el 2 de enero, quince días y medio después de haber salido de Los Ángeles. Me sorprendió encontrar Fort Smith una ciudad despierta, progresiva, yo tenía la impresión de que era solo un fuerte de frontera. A la mañana siguiente antes de la luz, en una elegante y cómoda diligencia Concord llegamos a Springfield, una ciudad más grande y hermosa. Fayettville era otra ciudad fina, es decir, tenía menos aspecto de frontera que uno esperaría de su ubicación. Al día siguiente, 4 de enero, el tiempo estaba muy frío, nevaba ligeramente y era la primera nieve que veiamos en nuestro viaje.
Ahora sí tuvimos frío y dificultad para conservar el calor en la diligencia aunque fueron adaptadas para el tiempo con relleno de insulación, y puertas que se cerraban firmemente. Sin embargo, envueltos en nuestras mantas y mantones nos sentíamos cerca de congelación. Como a las 3:00 la mañana siguiente (sábado), 5 de enero de 1861, tuvimos el gusto de llegar al final de nuestro largo viaje de más de 2000 millas, en Smithton, la terminal del ferrocarril a St. Louis. Como el tren diario regular saldría hasta 9:00, a. m., tuvimos oportunidad de un sueño de dos horas, por primera vez en una cama en dieciocho días. Tomamos el tren y llegó a St. Louis entre 6 y 7:00 esa noche, dieciocho días y veinte horas después de salir de Los Ángeles. Admiramos el río Missouri porque el tren corría un tramo por la rivera.
A la mañana siguiente llegamos delante del gran Mississippi cuyas venas y arterias, forman una gran red que se extienden más de 30 mil millas. Así vi los dos caudalosos ríos por primera vez. En la casa de unos agricultores encontramos una posada. Al día siguiente, el domingo, tomamos un baño caliente y cambiamos nuestra ropa, algo maltratada por el viaje y el polvo, y nos sentimos como nuevos. Después de la estancia de dos días en St. Louis, nos fuimos en tren, vía Chicago y Pittsburg a Filadelfia, donde pasamos unos días. Más tarde visitamos varias otras ciudades del este. Regresamos a California, en vapor vía el Istmo de Panamá

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Acerca de licvidriera

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