Dichos y Cosas que no hace daño saber semana 30-2018

Otros decían “atente al santo y no corras……” El dicho lleva una carga de ironía… “Ándale, no reces, si esperas que el santo te cumpla el milagro por tu linda cara, te vas a quedar esperando”. No te confíes, mientras el milagro se realiza, mientras la ayuda llega, tú haz lo que esté de tu parte para lograr lo que quieres, lo que esperas, lo que pides… El dicho “A Dios rogando y con el mazo dando” completaría el dicho de hoy. Por muy prometedora que se vea la situación debes de estar prevenido para cualquier desenlace. No por bueno que sea el santo y tenga fama de muy milagroso vayas a dejar de rezarle. Entre más seguro más amarrao, decían…
Otros dichos de santos, hay muchos, (muchos dichos, no santos) “¡A buen santo te encomiendas!” Te decían cuando esperaba un imposible, como que te hiciera un favor alguien que nunca hacía favores, o que te prestara dinero el más tacaño del pueblo. … “A río pasado santo olvidado”.. Los que una vez que reciben el favor no se acuerdan de agradecerlo…

NOTA BENE: Este último dicho podría hacer alución a San Cristóbal “el buen gigante” al qeu pintaban atravezando un río llevando al “Niño Jesús” en sus hombros… Lo de la muchacha rezándole a San Antonio puesto con la cabeza hacia abajo, era una creencia de las que buscaban novio que solo así les haría el milagro el santo…. y no lo devolvían a la posición correcta si no les hacía el milagro…

 

Elbert Green Hubbard, fue renombrado filósofo americano, artista y editor, nació el 19 de junio de 1856 en Bloomington, Illinois. Su padre a Silas Hubbard, fue un médico y se había movido a Bloomington apenas un año antes del nacimiento de Elbert. Sin embargo, nunca consiguió establecerse en Bloomington porque ya había doctores bien establecidos allí y en 1857 Silas llevó su familia a Hudson, Illinois. Fue allí donde Elbert y sus hermanos asistieron a una escuela pública local. Elber recordaría sus días de escuela como muy buenos, y que en ese tiempo, no tenía más ambición que ser reconocido en su ciudad como un buen un jugador de damas chinas (checkers)
Antes de entrar en la Universidad de Harvard en 1893, Elbert tuvo varios trabajos, entre otros, trabajó en una granja, reportero principiante y maestro. A la edad de 16 años Elbert se unió a la empresa de jabón Larkin y Weller, de su cuñado, como vendedor de puerta en puerta. Pronto subió de posición y a la edad de 19 años se trasladó a Buffalo para trabajar en la oficina de la compañía Larkin Soap. Allí creó muchas campañas de publicidad exitosas. Llegó a ser un genio de marketing; muchos lo consideran ser el abuelo de marketing. En 1879 a la edad de 25 años se casó con Bertha Crawford
En la década de 1880, Elbert sacó dinero de Larkin Soap y dejó la compañía para convertirse en un novelista. Publicó tres novelas bajo un seudónimo. En 1895, Elbert decidió comenzar su propia imprenta, la estableció en “un pequeño edificio como una antigua capilla inglesa”. Lo llamó Imprenta Roycroft, que más tarde resultó ser la base de su éxito enorme. Allí se publicaba la revista The Philistine, en esa revista se publicó, como artículo de relleno el ensayo inspirador de Elbert “Un mensaje para García”, que pronto ganó popularidad y reconocimiento para la imprenta Roycroft. Ya para 1903, la Imprenta Roycroft se había transformado en un campus de aprendizaje donde trabajaban cientos de admiradores muy dedicados. Gente de todo el mundo buscaban formar parte de lo que ya era una vibrante comunidad artística. Porque a más de famoso libros ilustrados a mano, hacían muebles tipo misión, vitrales, artículos de cuero y utensilios de cobre, la tienda obtuvo reconocimiento internacional. Su segunda esposa Alice Moore, era una conocida feminista, que atrajo a la comunidad a librepensadores y reformadores. En 1913 Elbert perdió su derecho de ciudadanía condenado de un delito contra las leyes del servicio postal de Estados Unidos. Sin embargo, buscó perdón del Presidente Woodrow Wilson y recuperó su pasaporte para poder viajar a Europa para cubrir la guerra mundial.
El 1o. de mayo de 1915 Elbert y su esposa Alicia, abordaron el trasatlántico británico, Lusitania. Elber iba a entrevistar al Kaiser Wilhelm en Alemania. Pero en el mar de Irlanda el Lusitania fue torpedeado y hundido por un submarino alemán. Al momento de abordar los botes salvavidas, Elbert y su esposa se negaron a ser separados, se quedaron en cubierta y se hundieron con el barco.

 

En México le llamamos “pluma” a todo instrumento que escriba con tinta… aunque también les llamamos lapiceros a los bolígrafos, tal vez porque algunos a simple vista parecen lápices…
El nombre de pluma es porque se usaban plumas de ave que se metían al tintero para luego escribir en el papel… Ahora queda la “pluma fuente”, pero, desde hace casi 80 años, los bolígrafos desplazaron con mucho a los demás instrumentos de escritura. Baratos, no tan elegantes como las plumas fuentes, que afean la letra… y más cosas que de ellos se dicen, pero casi son indispensables en la vida diaria, o cargas uo o vas a decir en el avión, en la oficina…“¿me prestas tu lapicero?”
El bolígrafo fue idea del húngaro Lászlo Bíró (1899-1985). La idea le surgió un día que, al estar viendo a unos niños jugando canicas, notó que cuando la canica rodaba a través de un charco de agua, al salir dejaba una huella húmeda en el suelo, como una línea.
En 1938, Bíró patentó por primera vez el bolígrafo, pero no fue hasta su llegó a Argentina, huyendo de la persecución nazi, donde registró otra patente el 10 de junio de 1943, cuando empezó a fabricarse de forma masiva.
Con un socio y amigo, Juan J. Meyne, registraron la marca “Birome” con las dos primeras letras de ambos apellidos, forma en que se sigue conociendo hasta hoy el bolígrafo en Argentina.
Las ventajas se vieron luego: se podía escribir con facilidad, no se ensuciaban los dedos y la tinta del tanque no se secaba.
Aun en la era de las computadoras, los bolígrafos son indispensables. Influye que son baratos, porque empezaron como un artículo de lujo: cuando una tienda de Nueva York puso a la venta los primeros en 1945, costaban 12.30 dólares, equivalentes a ocho horas de trabajo de un obrero industrial. Luego se abarataron y cualquier negocio regalaba bolígrafos con su nombre, dirección y teléfono……El Aviso todavía lo hace… Búsquenos en las ferias y pida un bolígrafo de El Aviso… y lo guarda, porque de aquí a unos 1000 años puede ser que ya no se usen.

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Acerca de licvidriera

Leo, medito, escribo, vivo y escribo en la eternidad
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