Dichos, Te lo paso al costo y Casos y cosas

Adónde irá el buey, que no are. Así me dijo un compadre cuando le dije que me retiraba de El Aviso,… Mmmm, el dicho se aplica a quien, a pesar de cambiar de lugar o al pasar del tiempo, sigue mostrando la misma actitud negativa o causando los mismos daños y perjuicios… Metiendo la pata, pues.  O sea, el que es buey en su tierra buey será en la ajena también.

Pero también se puede aplicar, como el compadre quiso decir, a que una afición o hábito de trabajo difícil mente se cambia…. y que aunque me vaya al desierto seguiré escribiendo. Ya veremos dijo un ciego y nunca vio.
El buey no sabe hacer otra cosa más que arar y, por tanto, es inútil intentar adiestrarlo en otra actividad o pensar que al cambiarlo de lugar pueda cambiar también de costumbres o de forma de ser. Buey eres y buey serás, arado has y ararás. Y con este dicho me despido, puede que vuelva, puede que otra persona te diga dichos, pero recuerda… ese dicho que te han dicho que dicen que dicen que he dicho yo, ese dicho no lo he dicho, pues si yo lo hubiera dicho, bien dicho estuviera el dicho para haberlo dicho yo… Adiós.

 

Los que vivimos en el sur de California tenemos la oportunidad de convivir con diferentes culturas, con gente de diferentes países, pero más con latinoamericanos, muchos centroamericano, por ejemplo, a los que aprendemos a llamar con sus apodos, ticos, chapines, catrachos, y hasta aprendemos sus frases típicas como el “¡Pura vida, mae!” de los ticos.
En Centroamérica abundan los apodos para referirse a los habitantes de los diferentes países…nicaragüenses, guatemaltecos, hondureños, salvadoreños y costarricenses… Como siempre sucede, algunos apodos, son aceptados con agrado, otros no tanto. De algunos se conoce su origen con exactitud y de otros existen multitud de teorías.
Aquí te platico de algunos de los más conocidos.
A los costarricenses se les llama ticos. La palabra tico nació de costumbre generalizada entre los costarricenses de utilizar el sufijo “ico” o “ica” como diminutivo al hablar.
Por ello, es habitual escuchar en el país palabras como “momentico”, “zapatico” o “patico” (en lugar de “momentito”, “zapatito” o “patito”) como formas más coloquiales y generalmente cariñosas.
El sufijo “ico” se utiliza también en otras partes de Centroamérica y el Caribe e incluso en partes de España, pero en Costa Rica es sin duda una seña de identidad propia.
No se sabe cuándo se comenzó a popularizar el gentilicio “ticos”, pero una teoría apunta a que fue en la Guerra Patria Centroamericana (1856-1857) contra los filibusteros de William Walker.
En dicha guerra, los ejércitos de otros países notaron que los soldados costarricenses usaban con mucha frecuencia la fórmula “ico” al hablar (como cuando decían “hermanicos” para referirse a sus compatriotas) y acabaron llamándolos “ticos”.
A los hondureños les decimos: catrachos. Y ese apodo también viene de la Guerra Patria Centroamericana. De allí salió el nombre coloquial más popular para llamar a los hondureños.
El general Florencio Xatruch fue quien lideró a los cientos de soldados hondureños que participaron en esta guerra contra los filibusteros que pretendían restablecer el esclavismo en Nicaragua, con la intención de extenderlo después a toda Centroamérica.
Las tropas hondureñas eran conocidas popularmente como “xatruches” o “xatruchos”, por el general, pero la palabra era difícil de pronunciar para muchos y el término se fue modificando hasta llegar al “catrachos”actual.
La trayectoria de Xatruch, considerado por muchos como un héroe por contribuir a la victoria centroamericana y llegar a la presidencia de Honduras de manera fugaz en 1871, hace que los hondureños utilicen con orgullo esta palabra para referirse a ellos mismos.
“No hay otro pueblo más macho que el pueblo catracho”, dice un popular lema utilizado en el país extraído de la letra de una tradicional canción llamada “Corrido a Honduras” del artista Tino López, que de paso sea dicho, no era catracho sino nica, o nicoya como decimos a los nicaragüenses.
Guanacos no es un apodo muy aceptado por los salvadoreños. Además, no está claro el origen… podría ser por el mamífero llamado guanaco de la familia de los camélidos de los andes como alpacas y llamas, pero no hay guanacos en El Salvador.
Chapín es un epíteto con que el vulgo designa en El Salvador a los guatemaltecos, pero se toma en sentido despectivo.
Dos versiones hay de chapín, una, que viene de las raíces quichés cha= “flecha”, y de pín= “agudo, puntiagudo;” por consiguiente cha-\-pín= “flechas puntiagudas.” Si este fuere el origen de la palabra chapín no habría motivo para que los mismos quichés, lo tomaran a mal, ya que alude a sus armas.
Se dice que los habitantes de Cuscatlán, que abarcaba gran parte del actual territorio de El Salvador, fueron apodados pipiles por los quichés de Guatemala; sobrenombre burlesco que hacen venir, de la voz náhuatl pipil = “niño”, y cuya aplicación explican diciendo que los cuscatlecos hablaban un corrompido dialecto mexicano, con pronunciación de niño, La palabra náhuatl pipil es un compuesto de dos voces quichés; pi— “chillar, y pil= “desollar”; así es que un significado sería “chiflido que hiere, voz que molesta”. Puede ser que estos apodos se refieran a los idiomas: el cuscatleco medio cantado y chillante y el maya quiché, reseco y agudo…. MaSo

 

Yo diría que llegó pegado en algún huarache, pero la historia dice que el mismo general que le vendió buena parte del territorio mexicano a Estados Unidos, de pilón le dio la goma de mascar.
Antonio López de Santa Ana (1794-1876) de la misma manera era recibido con repiques de campanas en la capital mexicana como salvador de la nación, que desterrado como traidor, fue presidente las veces que quiso, pero también estuvo desterrado en Colombia, en Cuba, en Nueva York. Fue allí en 1860, cuando conoció a un señor Thomas Adams (1818-1905) que le servía de secretario, traductor, fotógrafo y guía.
El señor Adams se interesó en una goma que masticaban tanto el general, como la gente de que lo acompañaba. Se trataba de la goma, savia lechosa ya seca, de la zapodilla, el árbol que crece en el sur de México y Centro América y conocido como chitcli por los aztecas de donde le viene el nombre.
La idea original de Adams era usar la goma para producir hule sintético barato, pero no funcionó y vino a terminar en lo que era y había sido: chicle, sólo que ahora tenían nombre gringo: Adams y la industria chiclera empezó a crecer sustituyendo las pastillas de parafina que se masticaban para calmar ansiedad, nervios o para calmar a los hiperactivos.
También el chicle se promovió como bueno para los nervios, al que masticaba se los calmaba y al que veía le daban nervios… ¿A poco no le dan ansias cuando alguien está a masque y masque? y más cuando hacen bombitas y las truenan… y las truenan.
Primero se vendía sin sabor, pero en 1875 a un farmacéutico, John Colgan, se le ocurrió darle sabor usando una resina, llamada tolú, que se usaba para los jarabes para la tos, por lo que llamó a sus chicles Taffytolú.
El señor Adams, tuvo que buscar la forma de competir con eso y lanzó al mercado su propia versión del chicle con aroma. Para eso utilizó la goma de sasafrás, y luego otra con esencia de regaliz. Poco después aparecería el sabor que sería rey en sabores de chicles: la menta, que sacó al mercado un fabricante del estado de Ohio.
Otra vez don Adams respondió inventando la maquinita expendedora de chicle, que Instaló por todas partes, con lo que distribuyó de forma masiva sus chicles de bola de tutti frutti sobre todo en los andenes del metro neoyorquino.
Pero el que de veras “pegó su chicle” fue William Wrigley de Chicago y su Spearmint y Juicy fruit… y después el Doublemint gum en 1914. Como dato curioso, este señor Wrigley empezó vendiendo jabón, para vender el jabón daba bonos como libros de cocina y polvo de hornear a los comerciantes, pero pronto descubrió que se vendía más el polvo de hornear y dejó el jabón, para vender el polvo de hornear regalaba chicles… y pronto descubrió que el negocio era vender chicles… y si que fue negocio… y todo gracias al General Don Antonio López de Santa Anna

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Acerca de licvidriera

Leo, medito, escribo, vivo y escribo en la eternidad
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